Por qué damos la manzanilla por inofensiva
De todas las infusiones, la manzanilla es probablemente la que menos desconfianza genera. Se toma para dormir, para el estómago, para los nervios. Se da a los niños. Se recomienda sin pensarlo.
Y en líneas generales esa reputación está justificada: los manuales médicos la consideran generalmente segura. Pero «generalmente segura» no significa «sin interacciones», y ahí es donde se abre una brecha entre lo que dice la literatura médica y lo que se cuenta en la mayoría de artículos.
Hay tres situaciones concretas en las que la manzanilla deja de ser neutra. Y una cuarta, la de los lactantes, que es la que menos gente conoce y la que más sorprende.
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Esta es la que más gente afecta sin saberlo. El Manual Merck, una de las referencias médicas más consultadas del mundo, recoge que la manzanilla podría alterar los efectos del tamoxifeno, la terapia de sustitución hormonal y los anticonceptivos orales que contienen estrógenos.
Piensa en la escala: millones de mujeres toman anticonceptivos, y la manzanilla es la infusión doméstica por excelencia. La combinación es rutinaria y prácticamente nadie la plantea como algo a considerar.
Conviene ponerlo en perspectiva sin alarmismo. Lo que señalan las fuentes es una posible interferencia con el consumo elevado y sostenido, no con una taza ocasional. Nadie está diciendo que una manzanilla después de cenar anule tu anticonceptivo.
Pero si tomas varias tazas al día de forma habitual, o suplementos concentrados de manzanilla, es una conversación que merece tener con tu médico o farmacéutico. Sobre todo porque hay una segunda parte: algunas fuentes advierten de que podría afectar a condiciones sensibles a los estrógenos, incluidos ciertos tipos de cáncer de mama o de útero.
El mecanismo probable tiene que ver con el hígado. La manzanilla influye sobre la enzima CYP3A4, que es la que metaboliza buena parte de los medicamentos. Cuando esa vía se altera, cambia la cantidad de fármaco que acaba circulando.
Anticoagulantes: el asunto de las cumarinas
La manzanilla contiene compuestos cumarínicos. Las cumarinas tienen efecto anticoagulante, y por eso pueden potenciar la acción de fármacos como la warfarina y aumentar el riesgo de sangrado.
No es una advertencia aislada: aparece tanto en el Manual Merck como en la información de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, que recomiendan consultar antes de combinarla con warfarina o con ciclosporina, esta última usada para evitar el rechazo en trasplantes.
Un análisis sobre interacciones entre hierbas y medicamentos concluyó que las reacciones más frecuentes se dan precisamente con dos grupos: los anticoagulantes tipo warfarina y las estatinas para el colesterol. Y la manzanilla figura en esa lista junto con el té verde, la salvia y la hierba de San Juan.
Si estás anticoagulado, esto no es un detalle de letra pequeña. Un aumento no controlado del efecto anticoagulante es exactamente lo que los controles periódicos intentan evitar.
Sedantes y somníferos
Esta interacción es más intuitiva pero igual de real. La manzanilla tiene un efecto sedante suave —de hecho es la razón por la que mucha gente la toma de noche— y ese efecto puede sumarse al de los medicamentos para dormir o para la ansiedad.
El resultado no suele ser dramático, pero sí puede traducirse en somnolencia más marcada de lo esperado al día siguiente, o en menos capacidad de reacción. Los manuales incluyen también el alcohol en esta categoría.
Si tomas benzodiacepinas o algún inductor del sueño, no es que tengas que renunciar a la manzanilla: es que conviene saber que el efecto se suma.
Por qué no dársela a un bebé
Esta es la parte que más choca con la costumbre. Dar agua de manzanilla a un bebé con cólicos es una práctica extendidísima en toda Latinoamérica y España, transmitida de generación en generación.
Y sin embargo, no se recomienda en menores de un año. El motivo es el riesgo de botulismo infantil, asociado a la posible presencia de esporas de Clostridium botulinum en la planta.
La lógica es la misma que explica por qué no se da miel a los lactantes. Un adulto ingiere esas esporas sin consecuencias, porque su flora intestinal ya está establecida y no permite que germinen. El intestino de un bebé menor de doce meses no tiene esa defensa, y las esporas pueden desarrollarse y producir toxina.
El botulismo infantil es poco frecuente, pero es grave. Y como el beneficio de la manzanilla para los cólicos es modesto y discutido, la ecuación no sale a favor.
A partir del año el riesgo desaparece, igual que ocurre con la miel.
La alergia cruzada con las margaritas
La manzanilla pertenece a la familia de las asteráceas, la misma que la ambrosía, los crisantemos, las caléndulas, las margaritas y el girasol.
Quien es alérgico a alguna de esas plantas tiene más probabilidad de reaccionar a la manzanilla. Los síntomas descritos van desde lagrimeo, estornudos y dermatitis hasta molestias digestivas. En casos raros se ha llegado a describir anafilaxia, que es una urgencia médica.
Es una reacción poco común, pero si tienes alergia estacional al polen y notas picor o hinchazón tras tomar manzanilla, ahí puede estar la explicación.
El uso tópico cerca de los ojos merece mención aparte: se han descrito irritaciones oculares, algo relevante porque una de las recomendaciones caseras más repetidas es aplicar manzanilla en compresas sobre los párpados.
Entonces, ¿cuánta se puede tomar?
Nada de lo anterior convierte a la manzanilla en una planta peligrosa. Sigue siendo una de las infusiones con mejor perfil de seguridad que existen, y hay ensayos clínicos que apuntan a una actividad ansiolítica modesta y a cierta mejora de la calidad del sueño.
La forma sensata de resumirlo:
- Una o dos tazas al día: sin problema para la gran mayoría de personas sanas.
- Consumo alto y diario, o suplementos concentrados: conviene revisarlo si tomas medicación habitual.
- Con anticoagulantes, sedantes o tratamiento hormonal: merece una consulta antes de convertirlo en rutina.
- Menores de un año: mejor evitarla.
- Alergia a las asteráceas: probar con precaución o evitarla.
También conviene saber que el consumo excesivo puede provocar náuseas, vómitos o somnolencia por sí mismo, sin necesidad de que haya medicación de por medio.
Conclusión
El problema de la manzanilla no es que sea peligrosa. Es que su fama de inofensiva hace que nadie la mencione cuando el médico pregunta qué está tomando.
Si tomas anticoagulantes, anticonceptivos, sedantes o cualquier tratamiento hormonal, la manzanilla es información relevante para quien lleva tu caso. No porque haya que dejarla, sino porque forma parte del cuadro.
Y si tienes un bebé de menos de un año con cólicos, esta es probablemente la única recomendación de este artículo que conviene seguir sin matices.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. No suspendas ni modifiques ninguna medicación por tu cuenta. Si tomas fármacos de forma habitual, consulta con tu médico o farmacéutico antes de incorporar la manzanilla como hábito diario.
Fuentes y referencias
- Manual MSD / Merck. Camomila (manzanilla). MSD Manuals
- National Center for Complementary and Integrative Health (NIH). Chamomile. NCCIH
- Hieu TH, et al. Therapeutic efficacy and safety of chamomile for state anxiety, generalized anxiety disorder, insomnia, and sleep quality. Phytother Res. PubMed
- Awortwe C, et al. Critical evaluation of causality assessment of herb-drug interactions in patients. Br J Clin Pharmacol. PubMed